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lunes, 2 de agosto de 2010

EX HACIENDA DE SANTA ANA DE HORNOS




Punto de partida para la Laguna, rincón lleno de historia y nostalgia en el semi desierto coahuilense, belleza sobria, ruinas que no lo son... Es Santa Ana de Hornos, ex hacienda jesuita de finales del siglo XVI fundada por Juan Agustín de Espinoza, que tuvo su esplendor a mediados del siglo XIX y que ahora intenta resucitar de entre la arena, el polvo, el olvido...

El sitio es extrañamente bello, vive lentamente entre de mezquites, tierra, recuerdos y la esperanza del turismo que acude a ver la capilla restaurada (ver el texto de Yohan Uribe en www.elsiglodetorreon.com.mx, sábado 10 de abril de 2010). Los sueños incluyen un hotel, la restauración del casco de la hacienda, con todo y su torre del homenaje, la narración de leyendas como el paseo de Don Leonardo Zuloaga por los túneles bajo la hacienda y la capilla...

Santa Ana ha sobrevivido a verdaderos desastres, arbitrios en 1767 -luego de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España- prohibición de fabricar locomotoras , derivada de los Tratados de Bucareli en 1923, la Reforma Agraria de 1934 que dió la hacienda a los ejidatarios, el incendio de los años 50 que acabó con un fragmento del casco, el escándalo por el asesinato de un ejidatario a manos del famoso director de cine mexicano Emilio "El indio" Fernández en los años 80 y finalmente, el deterioro ambiental por el abuso en la quema de madera para producir carbón vegetal destinada a las carnes asadas de la Región.

La zona ha festejado proyectos turísticos de gobiernos que van y vienen, palapas en las dunas de Bilbao , camino de terracería -para el progreso- de las dunas a Venustiano Carranza (nombre actual de la ex hacienda) y hoy, con la participación del gobierno, la iniciativa privada y la asociación Adopte una obra de arte, la ilusión de contar con un hotel rural, un restaurante y un parque recreativo para un ejido golpeado por el destino, la suerte, la naturaleza, los políticos, una y otra vez.

Lo que ahora llama la atención es el trabajo dirigido por Eduardo Elizalde que rregresa el esplendor de 1652, a la capilla de la Hacienda donde se construyeron vagones de ferrocarril y tranvías. Se trajeron doradores, cantereros y restauradores de varios estados de la República, se trabajó sobre pinturas, paredes, el altar, la estructura y con el apoyo del Fondo Nacional de Conservación de Monumentos y otras partidas del Estado comno la legislatura de Coahuila y de la inciiativa privada como la Fundación Lala, podemos apreciar esta belleza escondida en el semidesierto del centro norte de México.

Si sale de Torreón, Coah., vaya hacia Saltillo, pasará Matamoros, en Zapata (además de poder desayunar gorditas al lado de la carretera) puede girar a la derecha hasta las dunas de Bilbao, ahí está el letrero (Venustiano Carranza 11), gire de nuevo a la derecha y durante un rato verá un paisaje viesquense aparentemente desolador. Llegará al casco de la Ex Hacienda.

El fotógrafo Salvador Botello y otros artistas laguneros han visitado el lugar para dejar testimonio de su belleza y su importancia en la historia de la Comarca. De hecho, cuando "El indio" Fernández visitó el lugar, en compañía de algunos periodistas regionales, buscaba locaciones para su fallida "México Norte", departió con un grupo de "gitanos" , por la tarde se desató la tragedia.

El sitio es mágico, unas cuantas casas, la capilla, lo que queda del casco, los campesinos en espera de tiempos mejores y con el recuerdo de mejores tardes bajo la sombra de los pinabetes.

La esperanza es compartida por José Armando García Triana, Presidente del Patronato que ha emprendido esta tarea, el rescate de una ex hacienda en beneficio de la memoria colectiva de una región que nació ahí, en Viesca, Coahuila, enmedio de la nada, de sueños de evangelizadores agrícolas.

Estas tardes de agosto son ideales para visitar las dunas, Viesca, las antiguas huertas, el semidesierto y terminar con un verdadero festín: La ex hacienda de Hornos.